miércoles, 17 de junio de 2015

MIGAJAS: SUMISIÓN

"Curiosamente, los países occidentales estaban extremadamente orgullosos de ese sistema electoral que, sin embargo, no era mucho más que el reparto de poder entre dos bandas rivales, y llegaban incluso a declarar guerras para imponerlo a países que no compartían su entusiasmo. 
 
En"Sumisión", de Michel Houellebecq.

sábado, 21 de marzo de 2015

MEREDITH FRAMPTON

Definitivamente, lo mío es para hacérselo mirar. Y no por el hecho de haber necesitado cuatro viajes a Londres para lograr poner por fin los pies en la Tate Modern, sino porque, una vez dentro, me haya quedado prendado del lienzo de un artista cuya existencia ignoraba hasta ese momento; un cuadro que, al menos para mí, se aleja bastante de lo que en un primer momento esperaba encontrar cuando me adentraba en el magnífico vestíbulo de esta antigua central eléctrica.

 

(“Marguerite Kelsey”, pintado por Meredith Frampton (London, 1894-1984) en 1928).

Dejo a continuación una pequeña muestra de la obra de Frampton:







A la salida de la Tate, todavía con el retrato de Marguerite Kelsey revoloteando por mi cabeza, cruzo el Millennium bridge sin saber que, a escasos metros de St Paul´s Cathedral, me espera una nueva sorpresa: un puestecillo de libros con una veintena de títulos de los cuales me pillaría por lo menos quince. Afortunadamente se impone el sentido común (no he facturado maleta y ya voy bastante cargado de regalos para mis enanos), y solo compro “Freedom”, de Jonathan Franzen, con la esperanza de poder leerla algún día en su idioma original.

 

sábado, 14 de febrero de 2015

794 ¿ILUSOS?

(Robert Crumb)

Es la historia de siempre.

Se falla el Premio X en favor del escritor A, y enseguida empiezan a alzarse voces que hablan de tongo: que si el premio estaba dado de antemano, que si A es un mercenario de las letras y ya había ganado con anterioridad el premio Y o el premio Z (premios que, como X, -y según esas voces- son también premios dados de antemano), que si algunos de los miembros del jurado son desde hace años más conocidos por sus escandalosos fallos en otros certámenes que por su producción literaria, que si...

Que si...


A mí, sin embargo, lo que realmente me ha llamado la atención de este concurso X ha sido el elevado número de manuscritos presentados: 
 
795

Y no porque me cueste creer que, en pleno siglo XXI, de verdad existan casi ochocientos escritores anónimos que todavía alberguen esperanzas de ganar un premio literario que desde hace años solo ganan escritores famosos, sino porque gracias a ellos acabo de comprender que aquí el que no corre... vuela, y que si hay algún iluso en toda esta historia, ese soy yo.

Digo esto porque hasta ahora yo era de los que pensaba en todos esos aspirantes a escritor como pobres víctimas de un mundo editorial que los maltrataba y menospreciaba. Sin embargo, me ha bastado con echar una ojeada al periódico donde se informaba del fallo para comprobar que la temática de las obras presentadas a este concurso giraba en un alto porcentaje en torno al género histórico, negro o policial. Es decir, al tipo de novelas que todas las editoriales importantes están publicando de un tiempo a esta parte. Luego, no es descabellado pensar que muchos autores hoy no estén escribiendo lo que de verdad desearían escribir, sino lo que piensan que tiene más probabilidad de ser publicado. 
 
De ser así, es muy posible que entre esos casi ochocientos autores que hace unos meses enviaron su manuscrito al premio X hubiera muy pocos ilusos y demasiados listos.

Vamos, que como dicen en mi pueblo: “Aquí el más tonto arregla relojes”.

Pero esto, al menos para mí, es una muestra clara de la actual perversión de la literatura, una perversión de la que tanto escritores, editores y lectores somos responsables. Que ahora mismo haya desperdigados por el mundo miles de auto-denominados escritores que han decidido aparcar su vergüenza con tal de vivir de la literatura (a toda costa, sea como sea), me reafirma en la idea de que cada día hay más editoriales de mierda publicando libros de mierda escritos por autores de mierda para una masa ingente de lectores de mierda.

jueves, 18 de diciembre de 2014

LOS 10 DE 2014

Hace ya algún tiempo que, cansado de llevarme una decepción tras otra a la hora de acercarme a alguno de esos libros que, según la mayoría de los blogs literarios que frecuentaba, había que leer sin demora, decidí que en adelante solo me dejaría llevar por mi intuición y algún que otro consejo amigo. Digo esto porque la lista que vas a leer a continuación es de todo menos actual, e incluso abundan en ella títulos que no son fáciles de encontrar en las librerías (cuando no imposible). Hecha esta puntualización, estos son los diez libros que más me han gustado de los que he leído este año.

Espero que te gusten.


 
“Chump change”, de Dan Fante (Sajalín Editores)


“Libertad”, de Jonathan Franzen (Editorial Salamandra)


 “Caballeros”, de Warwick Collins (Editorial Anagrama)


 “El jardinero de Sarajevo”, de Miljenko Jergović (Dèria Ediciones)


“Norteamérica profunda”, de Juan Carlos Márquez (Editorial Salto de Página)


“La maleta”, de Sergei Dovlatov (Editorial Metáfora)


 “El diablo a todas horas”, de Donald Ray Pollock (Editorial Libros del Silencio)


“Plano detallado del infierno”, de Antonio Fontana (DVD Ediciones)


“Capital”, de John Lanchester (Editorial Anagrama)


“Cerveza en el club de Snooker”, de Waguih Ghali (Sajalín Editores)

sábado, 13 de diciembre de 2014

ACERCA DE "LOS ENAMORAMIENTOS" DE JAVIER MARÍAS (Y ALGO MÁS)

Es una sensación que me ha estado acompañando mientras leía “Los enamoramientos”, de Javier Marías, y que ya había experimentado con anterioridad al acercarme a las últimas novelas de autores como Paul Auster o Mario Vargas Llosa: que parece como si algunos narradores, con el paso de los años, hubieran aprendido a escribir pero se hubieran olvidado de contar.


Soy consciente de que esto que acabo de escribir es tal vez una de las mayores gilipolleces que he escrito nunca, pero es lo que últimamente siento al acercarme a la obra de algunos de estos escritores, culpables en buena parte de mi vicio lector y a los que profeso un gran respeto y admiración. 


No sé…, abro cualquiera de sus libros más recientes y me encuentro textos impecables, estilísticamente perfectos. Sin embargo, los encuentro moribundos, carentes de alma, como si las historias que allí se pretendían contar hubieran quedado sepultadas por la técnica y el oficio. 

Escribo esto desde el convencimiento total y absoluto de que hasta la peor página de estos libros es mucho mejor que la inmensa mayoría de lo que hoy se escribe y publica. Y, pese a todo, no me llegan. En el caso de “Los enamoramientos” (por centrarme un poco en el que he leído más recientemente), me ha costado mucho creerme una historia en la que todos sus personajes parece que hablan con una misma voz. 

 

Y no es ya el hecho de que un servidor dude que haya gente que de verdad se exprese en su vida cotidiana como lo hacen los personajes de esta novela (en fin, a diario vemos en la televisión cómo hasta los tipos aparentemente más cultos y refinados sueltan verdaderas barbaridades en cuanto creen que no hay una cámara o un micrófono acechándolos), sino que en esta historia cualquiera de sus personajes (una profesora universitaria, un abogado, la empleada de una editorial o un matón de medio pelo) parece estar dotado de una elocuencia y una fluidez verbal envidiable. Puede que esto sea lo que más me ha chocado de esta novela, que todos sus personajes hablan igual y que hablan como no lo hace casi nadie en la vida real. Que, más que personajes, son simples marionetas que contribuyen a difundir la postura del autor ante determinados temas trascendentales. La consecuencia de esta uniformidad  es que (al menos para mí) la trama pierde credibilidad y no avanza sino con cuentagotas (abundan en el texto ejemplos en los que el autor dedica páginas y páginas a plantear una pregunta y esbozar una respuesta que bien podrían haberse resuelto en un par de líneas).

Pero, ya lo sabemos, esta es la particular forma de narrar de Marías, y así ha sido siempre. Yo mismo he disfrutado con muchos otros libros suyos antes de estrellarme con este. De modo que, quién sabe, tal vez todo lo escrito hasta ahora haya partido de un enfoque equivocado, y el problema no esté en la obra de estos narradores sino en mí mismo, que me estoy volviendo insensible o ciego, o directamente gilipollas.