viernes, 6 de abril de 2012

CHILAVERT 3.0. (UN AMAGO DE ENTREVISTA. PARTE 1)

(Lo que van a leer ustedes a continuación es la primera de las dos partes en las que he intentado resumir los cuatro encuentros que un servidor ha mantenido recientemente en Córdoba con el poeta y narrador J. M. Chilavert. En concreto durante los días 1 y 2 de abril).


PRIMER ENCUENTRO: DOMINGO, 1 DE ABRIL. 9:00 AM
Si hay una característica que define a la perfección a J. M. Chilavert es que con él nada es lo que parece. De ahí que cuando hace unos días me pidió mi dirección en Córdoba para, acto seguido, anunciarme que se pasaría por mi piso el próximo domingo a las 8:45 de la mañana (sí, han leído bien, a las 8:45 de la mañana), no supiera muy bien si mandarlo a la mierda o darle las gracias por acceder a reunirse tan prontamente conmigo. Esta sensación ambigua y desconcertante se acentuaría días más tarde, nada más abrirle la puerta, en la que ha sido (digámoslo así) la entrevista más insípida y fugaz que jamás le he hecho a nadie en mi vida.
 Apenas treinta segundos.
 El tiempo justo para descubrir:
    1.   Que la puntualidad no es precisamente el punto fuerte de Chilavert (El tipo se presenta pasadas las 10:30…).
   2.  Que nuestro poeta y narrador se saca un sueldo extra de jueves a domingo como repartidor de churros a domicilio (…vestido con una gorra y una cazadora amarillo-verdosa de “TeleChurro”…).
   3. Que parece que el domingo se le ha complicado en el último momento, de forma inesperada (… para preguntarme si podemos posponer nuestro encuentro hasta las doce).

En su descargo he de decir que, antes de marcharse, Chilavert se marca un detalle:
―Toma ―me dice, tendiéndome una enorme y aceitosa bolsa de papel repleta de jeringos―. Por la espera.
Eso sí, de literatura, como ya habrán adivinado, nada de nada…


SEGUNDO ENCUENTRO: DOMINGO, 1 DE ABRIL. 12:00 AM
Con la lección todavía no aprendida y mi barriga sufriendo de lleno los primeros efectos del “churro palanca” (1) me presento en la Iglesia de San Nicolás de la Villa, unos minutos antes del mediodía. A su alrededor hay congregados un gran número de ciudadanos  y componentes de una banda de música. 

Reconozco que, visto lo extravagante de mi primer encuentro con el poeta, fantaseo durante unos instantes con la posibilidad de que Chilavert cambie su atuendo y se presente a esta segunda cita vestido de músico. “Este cabrón”, pienso al tiempo que miro nervioso hacia un lado y el otro, “es capaz de tenerme toda la procesión detrás de él, mientras toca el tambor o la corneta”. Mis temores, sin embargo, no sólo no van a disiparse sino que se acrecientan cuando (casi media hora después, con la procesión a punto de comenzar) Chilavert aparece vestido de nazareno. Pueden ustedes creerme o no, pero el caso es que el tipo se las ingenia para tenerme hasta casi las tres pegadito a su túnica, en una actitud que a mí me recuerda a la de esos críos que en Semana Santa pululan alrededor de los nazarenos en busca de cera con la que confeccionar una bola de proporciones mayores que las de sus compañeros. Mentiría si les dijera que durante todo ese periodo de tiempo al menos consigo hablar de los proyectos literarios de Chilavert. Muy al contrario, el tipo va a dedicar cada una de las numerosas paradas de la procesión a contarme con pelos y señales un novedoso estudio que acaba de concluir un gran amigo suyo, apodado “Séneca”, acerca de la cuantificación de la felicidad absoluta en la era globalizadora. Cuando al fin consigo escaquearme (con la excusa de que en casa ya deben de tener mi plato puesto en la mesa desde hace rato) Chilavert introduce su mano derecha por debajo de la túnica y me entrega una entrada arrugada y doblada en cuatro partes. “Pásate por allí esta tarde”, me dice, “a ver si por fin podemos hablar con más tranquilidad…”.
(Recorte del diario Córdoba del lunes 2 de abril, enviado por Chilavert a un servidor vía email. En él (según el esquema de J. M.) aparecemos señalados los dos en plena “conversación” durante la procesión de la Borriquita).


TERCER ENCUENTRO: DOMINGO, 1 DE ABRIL. 20:00 PM

La primera cuestión que me viene a la mente, mientras espero sentado la llegada de Chilavert, es cómo diablos se las ingeniará mi entrevistado para conseguir hablar con más tranquilidad en el Fondo Sur de un estadio abarrotado con casi veinte mil personas. 

No ayuda mucho a responder mi duda el hecho de que, cuando al fin llega (cómo no, tarde), lo hace acompañado de tres amigos:
      ·   El ya famoso Séneca (que además de pensador “freelance” se gana la vida como agente judicial en no sé cuál juzgado).
     · Alf  (según parece, el único casado y padre de familia del grupo. Por lo visto está en paro, sale a todas horas en los periódicos (???), y es especialista en opositar a oposiciones que, como dice Chilavert “nunca salen, y cuando salen nunca aprueba”)
     ·   Otro tío cuyo nombre no recuerdo, pero que a sus treinta y pico todavía vive con su madre y trabaja como charcutero en un hipermercado a las afueras de Córdoba.
Pese a todo, a medida que el encuentro avanza, y entre cánticos de gran sustrato intelectual (como “árbitro cabrón” o “ese linier, qué hijoputa es”), Chilavert comienza a compartir conmigo algunas migajas de lo que, según él, es su “poética y personalísima forma de entender la literatura y la vida”, al tiempo que deja entrever la que, sin duda, representa su influencia literaria capital:
―Bukowski, tío. Siempre Bukowski. Ese cabrón sí que sabía…
J. M. Chilavert deja la frase así, en el aire, y es justo en ese momento, mientras el Córdoba da buena cuenta del Hércules, cuando empiezo a tomar conciencia de que lo que este personaje anhela en el fondo es ser un escritor maldito. Después de todo, qué diablos lleva haciendo desde hace años si no es garabatear en cuadernos de cuadritos cientos de poemas y novelas interminables en las que Martin Schickler (su casposo y cutre alter ego) se pasa el día y la noche entera bebiendo y follando con todas las cordobesas y guiris que se cruzan en su camino. El problema (básicamente) es que ni Chilavert escribe como Bukowski, ni (por lo que empiezo a intuir) vive, bebe o folla como Bukowski. Yo, en confianza, creo que J. M. Chilavert sabe todo esto (en el fondo tiene que saberlo). Como también sabe que no terminará jamás una novela, que todas esas historias que cada noche sueña que escribe llevan ya demasiados años atascadas por la misma página.
Poco antes de que finalice el partido, Chilavert me mira y me pregunta a bocajarro si creo en el destino. “Bueno, no sé…”, balbuceo. “¿Por qué lo dices?”
Chilavert me señala con los ojos el respaldo de la butaca de más abajo.

Cuando quiero decir algo, ya es demasiado tarde.

NOTAS:
(1): En breve colgaré en el blog una entrada en la que hablo largo y tendido acerca de esta modalidad endémica de preparación e ingesta de churros, transmitida y perfeccionada en el seno de mi familia desde hace más de cinco generaciones.

viernes, 23 de marzo de 2012

CHILAVERT 2.0. (SELECCIÓN POÉTICA)

Hoy dejamos revoloteando por este páramo tres poemas incluidos en “Porciones de 0”, el más reciente libro del autor andaluz J. M. Chilavert. De ser ciertos los rumores que circulan por los bajos fondos literarios cordobeses, este poemario habría sido rechazado en los últimos cinco o seis meses por más de treinta editoriales, y habría sido presentado por su autor (con idéntico y desolador resultado) a cerca de cincuenta certámenes poéticos nacionales e internacionales. Es de suponer que una lectura reflexiva y pausada de estos versos ayudará a más de un inquieto lector a entender los desconcertantes motivos de tan descomunal descalabro. 

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(13)


Anhelo tus peras enormes, 
tu prieto chumino, 
tus labios que lamen mi glande 
y el de mi vecino.

Añoro tu ojete asimétrico,
tu ombligo aceituno,
las tardes perdidas oyendo
"songs" de Torrebruno.

(Y la mañana, etérea,
nos sorprende con olor
a pan recién amasado.
Mi polla en tu boca se funde
como si fuera un helado).

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(47)

Vilmente hundido en la treintena
mantengo a flote la ilusión
de comerte a dos carrillos
tu chochete de ocasión.

Vulva rubia y palpitante.
Estertórico rincón
donde guardas, ¡qué tunante!
tu telúrico calor.

Mil heridas vaginales
atestiguan la pasión
que has sufrido entre tus piernas
y este espástico colchón.

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(62)

Las campanas de la iglesia
hacen tolón tolón
cada vez que tu boca de fresa
se zampa mi macro pollón.

Me pirran tus pechos enhiestos,
tu boca, cuando hace glu-glú.
Me gusta partirte a pollazos
tu ojete de tiramisú.

Azul es tu mirada oceánica.
Negra tu melena anal.
Naranja tus bragas de encaje.
Rosita tu vulva de sal.

Mi polla no atiende a colores,
Mi rabo se muere por ti.
Te abro y reviento a pollazos
tu raja de añil frenesí.

viernes, 16 de marzo de 2012

"MI POLLA EN TU BOCA", DE J. M. CHILAVERT


“Esperma a raudales” es el enigmático y ambiguo título que el narrador y poeta J. M. Chilavert (Córdoba, 1976) ha puesto al microrrelato con el que, una vez más, ha vuelto a fracasar en su intento de alzarse con la victoria en un importante concurso internacional (y ya van…). Lo cierto es que, tras varios años como incansable trotamundos por el circo de los certámenes literarios, Chilavert apenas si ha conseguido que lo incluyan en nueve o diez libros colectivos (modestas antologías publicadas en editoriales de tercera, sin otra aspiración u objetivo que aportar unos duros al editor y/o alimentar el ego de (como él) cientos de escritores mediocres y fracasados, incapaces de redactar algo medianamente decente). Lo que, en su caso, no es poco, pues basta con leer unas cuantas líneas de su (por otro lado) extensa (e inédita) obra para preguntarse cómo diablos habrá conseguido este individuo que alguna editorial (alguna vez) se haya dignado a publicar un poema o cuento suyo. Y es que, si tomamos como muestra  de su producción literaria el microrrelato cuyo título encabeza esta entrada (incluido en su último libro de cuentos “Mi polla en tu boca” y que, aunque breve, les aseguro que representa con fidelidad los derroteros estilísticos y conceptuales por los que desde hace casi dos décadas transita este autor), observaremos con estupor cómo aproximadamente el sesenta por ciento de las ciento treinta y seis palabras que lo integran está compuesto por vocablos como “polla”, “rabo”, “jiguillo” u ojete, amén de expresiones tan elocuentes y explícitas como “calla y chupa, zorra” o “te voy a restregar toda la cebolleta”. Hay quien afirma que J. M. Chilavert es un claro exponente del realismo más sucio. Para la inmensa mayoría de la minoría que lo ha leído, sin embargo, la literatura que fabrica este autor es, simplemente, literatura de mierda. En lo que a mí respecta, qué quieren que les diga, prefiero recrearme en la expresión de profundo desconcierto que (de tarde en tarde) debe aflorar en el rostro de algún que otro jurado de concursos literarios cuando (desde cualquier rincón de España o Latinoamérica) abre uno de los sobres que Chilavert está mandando a todas horas y se da de bruces con alguno de los textos incluidos en “Mi polla en tu boca”.

lunes, 30 de enero de 2012

LECTURAS EN EL BAÑO (ENERO 2012)



Todos los años lo mismo. Se acerca febrero y el ritmo de mis lecturas disminuye al tiempo que se incrementan las horas dedicadas al estudio de las asignaturas. Curiosamente, vengo observando que a medida que mis días se sumergen en remotas etnografías y manuales interminables mi escaso tiempo libre va decantándose hacia la poesía. No sé, es como si la antropología correlacionara positivamente con ésta. O puede que todo sea una simple cuestión de brevedad. En cualquier caso, ahí van los libros que actualmente alivian mi mente mientras alivio mi vientre:
 (“Loser”, de David González. Editorial Bartleby)
(“Los hijos de los hijos de la ira” de Ben Clark. Editorial Hiperión)
(“Primer cancionero flamenco”, de Manuel Balmaseda. Editorial Zero)
(“In absentia”, de Autores Varios. Nanoediciones)

Tanto “Loser”, de David González, como “Los hijos de los hijos de la ira” de Ben Clark son dos poemarios que quería leer desde hace tiempo. Los nombres de sus autores salieron a relucir mientras buscaba en Internet información sobre un movimiento que había despertado mi curiosidad: la poesía de la conciencia. Dejo a continuación algunos poemas de ambos:

(DAVID GONZÁLEZ, 1964)

ARS POLÍTICA

los políticos
estrechan la mano
pero no la dan


 ******


HOMBRES

            los que mandan
los que obedecen
y          los que huyen

            los que luchan no:

            los que luchan
            si vencen
            mandan
y          si salen derrotados
            obedecen

los que luchan no:

los que mandan
los que obedecen
y          los que huimos


(BEN CLARK, 1984)

No es este el paraíso prometido
Y, sin embargo ¿quién se ha dado cuenta?

******

IV
(Anxiety)
Ocurre exactamente en el instante
mismo en el que
mirando los columpios
ya no logramos ver más que esqueletos.
Es entonces que ocurre:
escuchamos el eco de unas tripas
y un respirar paciente,
ahogado.
Como si alguien quisiera que supiéramos
que está allí,
esperando,
devorado
por un hambre que sabe saciará
el mismo día que muera nuestro miedo.


“Primer cancionero flamenco”, de Manuel Balmaseda, es uno de esos libritos que un día pedí prestado a mi padre y que el pobre ya no ha vuelto a ver. Se entiende pues que me gusta. Y mucho. Ahí va una muestra:

Te tengo comparaita,
Con un librito cerrao,
Si no lo abro no leo,
Lo mucho que hay ahí guardao.

******

Me muero por su queré,
Y dice que quiero poco,
Lo que quiere esa mugé,
Es que yo me guerva loco.

******

¡Mira si mi pena es grande,
Que yo me puse a llorá,
A la orillita de un río,
Y el agua quedó pará!


“In absentia”, por su parte, es una plaquette exquisitamente maquetada por Nanoediciones. Todavía no he leído mucho de ella, pero sí lo suficiente para preguntarme cómo narices habrá conseguido el inútil de mi heterónimo que lo incluyan en ella. Podría poner aquí alguno de sus poemas, pero mejor me abstengo (que luego quien lo aguanta soy yo).
Y poco más. Afortunadamente, el 15 de febrero las aguas volverán a su cauce…

sábado, 7 de enero de 2012

DE NADALES Y PLANETAS

La pasada madrugada, con motivo de la concesión del Premio Nadal 2012 a Álvaro Pombo, entré en la Wikipedia y eché un vistazo a los veinticinco o veintiséis últimos ganadores de este certamen. También consulté los veinticinco o veintiséis últimos ganadores del Planeta. Sobra decir que estos dos concursos son (exceptuando algún que otro premio institucional como el Cervantes) dos de los premios literarios más importantes (y mejor remunerados) del país. Esta es la relación de vencedores:

ÚLTIMOS GANADORES DEL PREMIO NADAL:
1986 - Manuel Vicent, por “Balada de Caín”.
1987 - Juan José Saer, por “La ocasión”.
1988 - Juan Pedro Aparicio, por “Retratos de ambigú”.
1989 - No se concedió.
1990 - Juan José Millás, por “La soledad era esto”.
1991 - Alfredo Conde, por “Los otros días”.
1992 - Alejandro Gándara, por “Ciegas esperanzas”.
1993 - Rafael Argullol, por “La razón del mal”.
1994 - Rosa Regàs, por “Azul”.
1995 - Ignacio Carrión, por “Cruzar el Danubio”.
1996 - Pedro Maestre, por “Matando dinosaurios con tirachinas”.
1997 - Carlos Cañeque, por “Quién”.
1998 - Lucía Etxebarria, por “Beatriz y los cuerpos celestes”.
1999 - Gustavo Martín Garzo, por “Las historias de Marta y Fernando”.
2000 - Lorenzo Silva, por “El alquimista impaciente”.
2001 - Fernando Marías, por “El niño de los coroneles”.
2002 - Ángela Vallvey, por “Los estados carenciales”.
2003 - Andrés Trapiello, por “Los amigos del crimen perfecto”.
2004 - Antonio Soler, por “El camino de los ingleses”.
2005 - Pedro Zarraluki, por “Un encargo difícil”.
2006 - Eduardo Lago, por “Llámame Brooklyn”.
2007 - Felipe Benítez Reyes, por “Mercado de espejismos”.
2008 - Francisco Casavella, por “Lo que sé de los vampiros”.
2009 - Maruja Torres, por “Esperadme en el cielo”.
2010 - Clara Sánchez, por “Lo que esconde tu nombre”.
2011 - Alicia Giménez Bartlett, por “Donde nadie te encuentre”.
2012 - Álvaro Pombo, por “El temblor del héroe”.


ÚLTIMOS GANADORES DEL PREMIO PLANETA:
1986 - Terenci Moix (España), por “No digas que fue un sueño”.
1987 - Juan Eslava Galán (España), por “En busca del unicornio”.
1988 - Gonzalo Torrente Ballester (España), por “Filomeno, a mi pesar”.
1989 - Soledad Puértolas (España), por “Queda la noche”.
1990 - Antonio Gala (España), por “El manuscrito carmesí”.
1991 - Antonio Muñoz Molina (España), por “El jinete polaco”.
1992 - Fernando Sánchez Dragó (España), por “La prueba del laberinto”.
1993 - Mario Vargas Llosa (Perú), por “Lituma en los Andes”.
1994 - Camilo José Cela (España), por “La cruz de San Andrés”.
1995 - Fernando G. Delgado (España), por “La mirada del otro”.
1996 - Fernando Schwartz (España), por “El desencuentro”.
1997 - Juan Manuel de Prada (España), por “La tempestad”.
1998 - Carmen Posadas (España), por “Pequeñas infamias”.
1999 - Espido Freire (España), por “Melocotones helados”.
2000 - Maruja Torres (España), por “Mientras vivimos”.
2001 - Rosa Regàs (España), por “La canción de Dorotea”.
2002 - Alfredo Bryce Echenique (Perú), por “El huerto de mi amada”.
2003 - Antonio Skármeta (Chile), por “El baile de la Victoria”.
2004 - Lucía Etxebarria (España), por “Un milagro en equilibrio”.
2005 - Maria de la Pau Janer (España), por “Pasiones romanas”.
2006 - Álvaro Pombo (España), por “La fortuna de Matilda Turpin”.
2007 - Juan José Millás (España), por “El mundo”.
2008 - Fernando Savater (España), por “La Hermandad de la Buena Suerte”.
2009 - Ángeles Caso (España), por “Contra el viento”.
2010 - Eduardo Mendoza (España), por “Riña de gatos. Madrid 1936”.
2011 - Javier Moro (España), por “El imperio eres tú”.
Como puede observarse, tras analizar ambas listas, algunos escritores incluso han obtenido durante este lapso de tiempo (1986-2011/2012) los dos galardones (entre paréntesis, primero el premio Nadal y segundo el premio Planeta):
·         Juan José Millás (1990 y 2007).
·         Rosa Regás (1994 y 2001).
·         Lucía Etxebarría (1998 y 2004).
·         Maruja Torres (2009 y 2000).
·         Álvaro Pombo (2012 y 2006).

O han estado en el meollo de alguno de ellos (Premio Planeta) en varias ocasiones:
  • Fernando Schwartz, ganador en 1996 y finalista en 1982.
  • María de la Pau Janer, ganadora en 2005 y finalista en 2002.
  • Fernando Savater, ganador en 2008 y finalista en 1993.
  • Angeles Caso, ganadora en 2009 y finalista en 1994.
Otra conclusión que puede extraerse de la lectura de ambas listas de galardonados es que todos los autores son muy conocidos (1). Obviamente, cuando digo conocidos me refiero a que ya lo eran antes de la concesión de estos premios, y no como consecuencia o resultado de la concesión de los mismos. Basta con echar un vistazo a estas listas para comprobar que la inmensa mayoría de los premiados (y numerosos finalistas) son gente muy conocida dentro del mundillo literario o (últimamente, sobretodo) salen en la tele.

Cualquiera puede presentarse al premio Nadal o al Planeta. Basta con tener escrita una novela y que ésta sea inédita. También ayuda mucho ser algo incauto. Y digo esto porque hace ya mucho que estos premios no tienen como objetivo descubrir autores nuevos a los lectores, sino sólo hacer dinero. De ahí que estos premios caigan siempre en manos de algún “valor seguro” (escritores importantes que ya publican en la editorial que les concede el premio, o que acaban de ser fichados por ésta, utilizando en ese caso el premio como trampolín para incrementar notablemente las ventas de su nuevo libro). Son, digámoslo de una manera suave, escritores “profesionales”, muy conocidos por los lectores, que aseguran a la editorial convocante un número de ventas elevado.

De modo que ciertas editoriales montan todos los años su concurso de paripé al que se presentan 400, 500 o 600 ilusos, y tras un proceso de criba y selección el jurado emite el fallo, que hace público y oficial lo que tanto el autor galardonado como la editorial ya sabían desde hace meses: que el premio estaba dado de antemano. Ya lo dijo muy clarito Miguel Delibes en 1984 (ver aquí), cuando Lara le ofreció ganar el Planeta (le vendió incluso la moto de que si aceptaba el premio todos (¡hasta la Literatura!) iban a salir muy beneficiados). Mi memoria es muy mala, pero creo que ese año también le ofrecieron el Planeta a Sábato, y que el galardonado resultó ser finalmente Cela (para colmo, con una novela que plagiaba con descaro la novela de otra concursante).

Lo cierto es que basta con echar un vistazo a la gala de uno de estos premios para comprobar que toda esa amalgama de empresarios, políticos y periodistas (2) que se reúnen allí no han hecho un stop en sus exclusivas y adineradas existencias sólo para disfrutar de la fiesta de la literatura. Muy al contrario, lo que los atrae a esa  fiesta es el negocio, la pasta, el poder y la influencia.

Pese a todo, soy de los que piensa que los lectores tienen siempre la última palabra. Cada uno lee los libros que quiere y con el tiempo adquiere la cultura literaria que se merece. En lo que a mí respecta, esas dos listas de premiados que insertamos al principio no me sirven de guía para descubrir qué autores leer. Muy al contrario, sospecho que en las ausencias que hay en ellas es donde tal vez se encuentren las claves de por dónde camina la literatura con mayúsculas.


NOTAS:

(1)   En mi caso, sólo desconocía el nombre de Alicia Giménez Bartlett, ganadora del Nadal el año pasado.

(2)   Además de algún que otro finalista iluso, que ha llegado esa mañana en autobús desde Palma del Río o La Solana (por poner dos ejemplos) con el sueño de convertirse esa noche en el flamante ganador de este importantísimo certamen.

jueves, 5 de enero de 2012

RADIOGRAFÍA DE UN DÍA CUALQUIERA (02)

6.50: Suena la alarma. Intento salir de la cama sin hacer ruido, para no despertar al enano, pero el móvil se me escurre de las manos y se hace trizas en el suelo. Es 31 de diciembre.


7:05: Tras pasar por el cuarto de baño y zamparme los dos primeros polvorones de chocolate que pruebo estas navidades, me siento en el comedor y comienzo a estudiar Etnología Regional. Subrayo tres artículos incluidos en “Temas de Etnología regional”, de Nuria Fernández Moreno (UNED. Madrid, 2004):

  • “Porcofilia y porcofobia”, de M. HARRIS (En HARRIS, M. 1974. Vacas, cerdos, guerras y brujas. Los enigmas de la cultura. Alianza. Madrid). Interesante estudio que intenta explicar por qué algunos pueblos aborrecen el cerdo mientras que otros lo aman. Harris sostiene que en la Biblia y el Corán se condena al cerdo y se prohíbe el consumo de su carne porque su cría constituía una amenaza real a la integridad de los ecosistemas naturales y culturales de Oriente Medio. Esas antiguas comunidades, que combinaban la agricultura con el pastoreo, apreciaban a los animales domésticos como las cabras, las ovejas o las vacas, porque les proporcionaban leche, queso, pieles, boñiga o tracción para arar, además de carne. El cerdo, en cambio, constituía un artículo de lujo, pues su explotación estaba encaminada a la única y exclusiva obtención de carne. Esto hace que el cerdo estuviera en clara desventaja frente a los rumiantes, mucho mejor adaptados al clima árido de estos lugares (de hecho, el cerdo, aunque es omnívoro, no puede subsistir sólo a base de hierba, y precisa de otros alimentos que, en el caso que nos ocupa, lo convertían en un claro competidor del hombre. Además, el cerdo no estaba bien adaptado termodinámicamente al clima caluroso y seco de las tierras de la Biblia y el Corán, no era una fuente de leche, y no era fácil conducir las piaras a través de grandes distancias). En el otro extremo Marvin Harris nos muestra una serie de comunidades que se caracterizan por su amor al cerdo. Un ejemplo de ellas es descrito por Ray Rappaport en su libro “Cerdos para los antepasados”, donde describe a un grupo tribal que habita en Nueva Guinea cuya existencia gira en torno a la cría y posterior sacrificio masivo de sus cerdos. Resumiendo mucho, los diferentes clanes locales celebran cada diez o doce años un festival de cerdos llamado kaiko (en el que se sacrifican y consumen la casi totalidad de los cerdos) al que sigue un periodo de guerra y posterior tregua, todo lo cual tiene como objetivo último la autorregulación de su ecosistema (mediante el ajuste del tamaño y distribución de la población animal y humana en función de los recursos disponibles y las oportunidades de producción).
  • “Capacidad mental del negro”, de V. BEATO GONZÁLEZ y R. VILLARINO ULLOA (En BEATO GONZÁLEZ, V.; VILLARINO ULLOA, R. 1953. Capacidad mental del negro. Instituto de Estudios Africanos. CSIC. Madrid). Desde mi punto de vista, un ejemplo claro de porqué la antropología española se encuentra a años luz de la americana, inglesa o francesa. Digamos que mientras gente como Evans-Pritchard, Malinowski, Radcliffe-Brown o Griaule se pateaban África o Asia, elaborando etnografías que hoy son míticas, en España nos dedicábamos a jugar a los boy scouts y a estudiar la capacidad mental de los negros de Guinea Ecuatorial, llegando a conclusiones tan científicas e inteligentes como estas: "el cerebro del blanco es más complejo que el del hombre de color"; "en determinados trabajos para los cuales se exige fuerza y docilidad son preferidos los negros; más si hace falta poner en juego la inteligencia, se utiliza al blanco"; "... en la agricultura, el producto obtenido por el negro es cualitativa y cuantitativamente peor que el del blanco, bien entendido que en el primer caso es cultivado directamente por el hombre de color, mientras en el segundo lo cultiva, pero bajo la dirección del blanco, ya que éste no trabaja en estas latitudes por impedirlo el clima". En definitiva, un texto llenito a rebosar de valoraciones etnocéntricas y una muestra perfecta de cómo el uso de categorías con contenidos claramente racistas y la aplicación de unos tests totalmente sesgados e inapropiados pueden llegar a justificar y legitimar científicamente como verdades las diferencias halladas entre las capacidades mentales de las personas blancas y negras.
  • “Shakespeare en la selva”, de L. BOHANNAN (En BOHANNAN, L. August-Sept. 1966. Traducción de FRANCISCO CRUCES. En VELASCO, M. H. (comp.) 1993. Lecturas de Antropología Social y Cultural. La cultura y las culturas. Cuadernos UNED. Madrid). Para mí, el mejor de los tres estudios, una muestra cristalina de los problemas y dificultades derivados de la traducción cultural durante el trabajo de campo. En este caso, la autora narra la tragedia de “Hamlet” a algunos miembros de una tribu de los Tiv (África Occidental), y constata asombrada cómo un texto que aparentemente desprende una significación universal, desde el punto de vista de los Tiv se particulariza ante la inexistencia de un significado cultural equivalente. Como afirma Fernández Moreno, podemos ver en este trabajo la apropiación de un discurso ajeno para adaptarlo al propio contexto cultural. Un par de ejemplos: para los Tiv el espíritu del rey de Dinamarca que se les presenta a Horacio y los centinelas no es un espíritu, sino un presagio enviado por un brujo. No es un fantasma porque en su cultura los muertos no regresan, de ahí que tenga que ser un zombi. También ven como natural algo que quema la sangre a Hamlet: que el hermano menor del rey muerto (el padre de Hamlet) se convierta en el nuevo rey y se case con la esposa de su hermano (la madre de Hamlet), pues eso es lo que normalmente se hace en su país (el hermano más joven se casa con la viuda de su hermana mayor, convirtiéndose así en padres de sus hijos).
10:25: Se levantan los enanos. Papillas, pañales, baños...

12:45: Nada más salir a la calle, en la cabina de teléfonos de la esquina, siento en los ojos una tremenda cuchillada que me deja aturdido durante un instante. 


Tal burrada me hace dirigir instintivamente la mirada hacia el suelo, pero lejos de aliviar mi desazón me deprimo aún más al constatar la cantidad ingente de mierda que hay esparcida o adherida en las aceras de Ciudad Jardín (chicles, cacas de perro, colillas, cáscaras de pipa, bolsas).

13:10: Llegamos a casa de mi hermana. Hace una buena mañana. Cojo al enano y me voy a darle un paseo por el Vial Norte. 


14:00: Voy con L. al supermercado de El Corte Inglés, a comprar tres o cuatro ingredientes que necesito para preparar los canapés de esta noche. De verdad, me encanta este sitio. Puede que vaya a Córdoba y no me acerque hasta Las Tendillas o la Judería. Pero el supermercado del Corte Inglés es parada obligatoria. Siempre. Primero, porque siempre encuentro lo que busco. Segundo, porque observar a la gente que deambula por los pasillos no tiene precio. A veces pienso que cualquier antropólogo en prácticas desarrollaría más su capacidad de extrañamiento en el supermercado de El Corte Inglés que en cualquier aldea perdida de Senegal o Melanesia.

15:00: Al salir de El Corte Inglés nos topamos con un tipo que no para de gritar: “canelones con mantequilla… pá tu tía”. A pesar de que la calle está atestada de gente, este sujeto ha conseguido crear una burbuja de espacio vacío alrededor suyo, que ningún viandante osa atravesar. Interesante.

15:10: En el bar que hay al lado del piso de mi hermana hay un curioso cartel con el que intentan atraer a posibles compradores de décimos.


Esto, para mí, es como decir que has quedado el veintisiete en el certamen de poesía de tu barrio, o que te encuentras entre los doce más listos de tu clase. 

15:15: Caliento en el horno tres trozos de pizza que me sobraron de anoche. Mientras veo cómo la grasa empieza a chisporrotear y pone perdida la bandeja del horno, pienso en el mensaje de la caja: Dieta mediterránea 100 %. 


16:05: Nada más comer endilgo los críos a los abuelos y me escapo corriendo a ver libros. Recorro Luque, Beta y El Corte Inglés. Encuentro un libro de Denis Johnson que llevaba años queriendo leer. Al final, el resultado de la cacería es éste: 


18:00: De vuelta de las librerías tomo conciencia de que, como propósito para el año nuevo que está al caer, tal vez debería disminuir mi dosis diaria de porno por internet. Y es que en un cartel leo “Miss Canadá” en lugar de “Misa Cantada”. Muy fuerte. 


18:15: Ya en el piso de mi hermana me encierro en la cocina para preparar los canapés. Lavo, cuezo, pelo, corto... Las horas se pasan volando. Llega un momento en el que los dedos de los pies me palpitan.


20:25: Hago un descanso y me encierro en el cuarto de baño. Releo uno de los cuentos de “Knockemstiff”, el fantástico libro de Donald Ray Pollock que no paro de leer desde hace días. A este paso me lo voy a aprender de memoria. Si alguna vez me da por escribir algo, por favor que sea algo como esto


20:50: Seguimos con los canapés.

22:05: Suena el teléfono, pero no es ningún familiar ni ningún amigo. Es el puto 2210. Lo cojo. Una señorita muy amable con acento latino me desea un feliz año nuevo y me intenta colocar no sé qué promoción. Tras devolverle los buenos deseos, le empiezo a contar los remedios caseros que mi abuelo paterno solía poner en práctica cuando le venían los dichosos e inoportunos reflujos gastroesofágicos. Me cuelga.

22:10: Cenamos.


23:25: Hemos comprado a la niña una botella de Champín, para que brinde por primera vez con nosotros por la llegada del nuevo año. Como era de esperar no le gusta y termino bebiéndome yo solito la botella entera. 


23:59: Tal concentración de burbujas y azúcar hace estragos en mi barriga, hasta el punto de que las campanadas me sorprenden en el cuarto de baño en actitud poco festiva y decorosa (por lo menos, y a falta de uvas, tengo el ejemplar de Donald Ray Pollock).

00:45: Cuando tienes dos críos pequeños no puedes alargar mucho las fiestas. De modo que poco antes de la una regresamos a Ciudad Jardín. Hay tanto tráfico que en lugar de Año Nuevo parece que estemos en un día laborable en hora punta. Por todos lados suenan mil petardos y cohetes, que dan la impresión de que Córdoba esté en guerra más que de fiesta.

02:15: Ya en la cama hago recuento de lo acontecido durante el año que acaba de esfumarse, y pienso en los propósitos marcados para el que ahora nace. No formulo ningún deseo (salvo que las personas que quiero estén sanas y sean felices). Después de todo, a mi edad uno ya ha aprendido que la felicidad pierde mucho de su encanto cuando no puedes compartirla con las personas que más quieres. De modo que para qué pedir nada, si lo único que realmente quisiera que se cumpliese es precisamente lo único que sé que no se va a cumplir. Por lo demás, estoy tranquilo. Soy consciente de que me he dejado multitud de cosas sin hacer en el 2011, pero me queda el consuelo y la certeza de que yo he sido el único responsable de que esto ocurra. De modo que habrá que volver a intentarlo este año. Sí, definitivamente creo que me daré otra oportunidad este 2012.

lunes, 26 de diciembre de 2011

SALVANDO LAS DISTANCIAS

Salvando las distancias, para mí todo esto es como esos concursos infantiles de dibujo en los que los participantes se agrupan en torno a un bodegón o una maceta con geranios. Todos los niños tienen una hoja, un lápiz y una goma sobre su mesa. Todos tienen una hora para hacer sus dibujos. Luego, cuando el concurso finaliza y se reúnen los trabajos, el resultado no puede ser más dispar. Lo primero que uno advierte al contemplarlos es que la belleza (o la ausencia de esta) jamás adopta una única forma. También, por supuesto, que la inmensa mayoría de los niños (y, por extensión, de los adultos) carece de talento y son mediocres, previsibles, aburridos. 

Algo similar ocurre con la literatura. Todo el que se pone a redactar una novela parte de una premisa común: tiene una historia que contar. Y no importa que la escriba a ordenador o con bolígrafo, en un ático en Manhattan o en un cercanías atestado de guiris, a tiempo completo o cuando los niños duermen o el jefe no mira. No hablo de tener más o menos fácil todo lo que rodea al acto de escribir. Hablo simplemente de lograr escribir algo bueno o escribir una puta mierda. Porque, si te paras a pensar, tampoco son tantos los temas sobre los que giran los libros que habitualmente lees. Sin embargo, muy pocos de los que se dedican a esto de escribir (de hecho casi ninguno) atesoran en su interior el talento suficiente como para transformar esa historia que quieren contar en una historia digna de ser leída. 

Un ejemplo torpe de cómo un determinado material (una partitura, unos planos o una técnica pictórica) puede enriquecerse o echarse a perder según las manos en las que caiga es la canción “Umbrella”, compuesta por The Dream, Christopher Stewart, Kuk Harrell y Jay Z. Este tema, tras ser ofrecido a Britney Spears y deambular por diferentes sellos discográficos, acabó encabezando el tercer disco de la cantante barbadense Rihanna. 


(“Umbrella”. RIHANNA)

Lo que sigue a continuación son algunas versiones de “Umbrella” que determinados grupos y solistas han realizado con posterioridad a la de Rihanna. Sobra decir que la música y la letra son las mismas en todos los casos, pero los resultados que cada conjunto consigue con ellas son muy distintos (desde versiones que directamente versionan el video oficial de Rihanna a otras que cantan el tema a capela o lo transforman en un Rock & Roll).


(“Umbrella”. VANILLA SKY)
 

(“Umbrella”. THE BASEBALLS)


(“Umbrella”. MANDY MOORE)


(“Umbrella”. THE DUKE´S MEN OF YALE)


(“Umbrella”. COCÓ)


CONCLUSIÓN

Después de escuchar estas versiones me surgen varias preguntas. Por ejemplo, si todos estos grupos habrían mejorado o no sus resultados de haber contado con los medios de los que en su momento dispuso Rihanna. O qué hubiera ocurrido si Rihanna hubiese sido la intérprete de todos los vídeos. Yo, qué queréis que os diga, lo tengo claro. Creo que los habría mejorado notablemente, porque esa tía brillaría hasta en la versión más cutre de Paquito el chocolatero. La razón es que tiene algo que la diferencia y la distancia de lo simplemente bueno o curioso o cutre o grotesco. Eso mismo podría trasladarse a la literatura. Miles de tipos han malgastado, malgastan y malgastarán su tiempo intentando escribir la novela del siglo, pero muy pocos son los que realmente están capacitados para ponerle el punto y final a novelas como “Conversación en La Catedral”, “Los detectives salvajes” o, por citar el último libro que me está fascinando, “Knockemstiff”.

martes, 13 de diciembre de 2011

NADIE TE PUSO UNA PISTOLA EN LA FRENTE...

Que teniendo en casa una estupenda pila de libros como esta…


… pase mis noches subrayando tochos como estos…


 …no tiene nombre.

 Bueno, sí:


G  I  L  I  P  O  L  L  A  S.

domingo, 4 de diciembre de 2011

JANE EYRE

Me ocurre a veces. Especialmente durante esos días en los que me levanto echando de menos a personas que se fueron demasiado pronto. O en los que constato una vez más la cantidad enorme de gente que hay a mi alrededor sin mayor aliciente en la vida que alimentar el cuestionable vicio de joder al prójimo. El mundo entero parece entonces que ha amanecido torcido, y con esa sensación se van dilatando las horas, hasta que al fin algo llega y lo dota de sentido. O justifica la espera. En este caso ha sido una fotografía de “Jane Eyre”, la última película dirigida por Cary Fukunaga y protagonizada por Mia Wasikowska. Una imagen preciosa por la que merece la pena soportar un día de mierda como este. 

jueves, 1 de diciembre de 2011

LUIS LANDERO: JUEGOS DE LA EDAD TARDÍA

Puede que, en este caso, sea más adecuado hablar de crítica a destiempo que de crítica a contrapelo, pues “Juegos de la edad tardía” fue publicado por Tusquets en 1989. Y si un libro ya es viejo transcurridas dos o tres semanas desde su llegada a las librerías, no quiero ni imaginar cual será el calificativo que corresponderá a este título. En cualquier caso, si esta madrugada me he decidido a exponerlo al frío del páramo manchego es porque alberga en su interior una de las pocas historias que, con el paso de los años, no ha terminado desvaneciéndose entre mi amasijo de sesos de gruyere. 


(Deconstrucción microscopidigitalizada de Faroni)

He dicho “historia” y tal vez debería haber dicho “personaje”, pues es la esquizofrénica evolución de su protagonista lo que en su momento realmente me cautivó, una metamorfosis burda construida sobre un lecho de mentiras que lleva a un oficinista gris y mediocre llamado Gregorio Olías a transformarse en “Faroni”, una suerte de intelectual progre y asiduo a una de las tertulias literarias más reputadas de la capital. El culpable de todo este proceso de despersonalización es Gil, un representante de Requena y Belson en provincias que  desde su pensión de pueblo no hace sino alimentar todos los pajaritos que pueblan la cabeza de nuestro protagonista. 

Entre los instantes memorables de esta novela recuerdo la tarde en que Olías, ante la insistencia de Gil, le confiesa que lo que él es en realidad es ingeniero. Y políglota. Y poeta. O el colmo del disparate, que sobreviene en la página 122 (1) cuando Olías se presenta ante Gil como Augusto Faroni. La mentira, llegado a este punto, está servida y ya no hay vuelta atrás. Gregorio Olías se verá condenado a vivir una farsa que él mismo ha creado, y que madurará y perfeccionará en los intervalos cotidianos en los que no está “actuando” ante Gil. 


(Vista microscópica del momento en el que Gregorio Olías se presenta ante Gil como “Faroni”)

En fin, como soy un bocazas y tengo tendencia a destripar los argumentos de los libros que leo, voy a quedarme aquí. Eso sí, créanme si les digo que la novela entera es una gozada.


NOTAS:

(1) 2ª edición en Fábula. Abril 1994.